Tras el aprobado en selectividad, me dispuse a rellenar el impreso de matrícula para entrar en mi actual carrera. Desde bastantes años tenía claro que mi vocación era la educación en edades iniciales, aunque tengo que admitir que mis pensamientos utópicos hacia profesiones del tipo de cantantes, modelos... no me las podía quitar nadie en primaria, aunque también pensé con un poco más de edad y de acuerdo más con la realidad, ser veterinaria, pero pronto cambie esa idea por afianzar la actual.
Por fin supe que estaba dentro de las listas, pero no os voy dar el placer de saber mi puesto. A partir de aquí llegó la desesperación o quizás, un poco más tarde. Por ahora mi objetivo era rellenar mi matrícula y mi horario con aquellas asignaturas que más me gustasen. Para mí ese era el único criterio de elección por inocentes que somos cuando llegamos de primera a un sitio así.
Tras elaborar la matrícula, no con muchas dificultades "aparentemente", y numerosas preguntas que al primero que me responde, creo con gran franqueza, llegan los problemas. Varias llamadas recibes desde la "odiosa secretaría" (los que conocen aquello lo entienden), comentándote que las asignaturas que has elegido no estan acorden con los planes, que te falta una "firmita" en el lugar más recóndito de un folio dentro de los 200 que parece que tiene la matrícula, o simplemente, que no entienden un número de la cuenta bancaria.
A partir de aquí te das cuenta que no todo es tan fácil y es cuando verdaderamente logras asimilar que el criterio de elección de las asignaturas no es solo la que más te guste, sino la que cuadre dentro del horario, sin que se "pisen" entre ellas, y además, siempre y cuando, en esa asignatura haya más de 7 alumnos. Después de varios cambios, y horas muertas pasadas en la cola interminable de secretaría, tu turno. Y es entonces cuando te enteras que con solo entrar un momento allí, coger un papel, rellenarlo y entregarlo, está solucionado. ¡Pobres primerizos! dirán los de cursos superiores sin poder contestarle nada a cambio por respeto. Pero, ¿quién tiene la culpa? eso nadie lo sabe.
Lo peor es que al final optas por el horario "ideal" seleccionado por los encargados de ello, apartando tus intereses y terminado en un clase con 200 alumnos donde no hay forma de enterarte absolutamente de nada, y que sea asimila a un concierto al que hay que ir horas antes para coger sitio.
Después de desahogarme un poco y darle ánimos a los que ahora entran, para advertirles y para que sepan que todos hemos pasado por eso, tengo que decir -sin ningún tipo de ironía- que mi carrera me gusta, olvidándome de los problemas que pueda haber de tipo administrativo, organizativo.. y estoy muy contenta con mi elección hacía la educación.
Un saludo.
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